¿Cómo saber si vamos bien en el matrimonio?

¿Cómo saber si vamos bien en el matrimonio?

Para saber si vamos bien en el matrimonio tenemos que preguntarle a nuestra pareja: ¿Te estoy haciendo felíz? ¿Qué más tengo que hacer para hacerte felíz? ¿Qué tengo que dejar de hacer para hacerte más felíz? Lo mejor que nos puede pasar es que nos digan Sí pero…me gustaría que no peleáramos tanto, que pasaras más tiempo en casa, que dediques más tiempo a escucharme, que dejes de salir tanto con tus amigas etc. Si hacemos las cosas bien desde el principio de nuestra relación y vamos corrigiendo en el camino lo que debemos corregir, tendremos más adelante un aliado o una aliada, una pareja que juega en equipo, de lo contrario tendremos a futuro un enemigo en potencia. ¿No hemos conocido parejas que lo tenían todo para tener un buen matrimonio y ser felices y hoy no se pueden ni ver?

Los cambios que tenemos que hacer no los podemos dejar para mañana, el amor no se deja para mañana, mañana tendremos que amar más, lo que tenemos que asumir lo asumimos hoy, tenemos que aprender a escuchar los Sí pero… posponemos las cosas realmente importantes: ¡hoy no podemos salir porque no hay con qué!, ¡no podemos disfrutar porque tenemos que cuidar los niños!, para eso Dios se inventó a las abuelitas, para que se queden de vez en cuando con los nietos; ¡que los niños están chiquitos! para eso está la abuelita. ¿Quién nos asegura que mañana estaremos juntos para hacerlo? ¿Para pasear o compartir los dos solos? O cuando llegue el mañana ¿querremos hacerlo con nuestra pareja? Ojala le dedicáramos tiempo al menos una vez a la semana a nuestra relación, a salir con él o con ella, si no lo hacemos llegará el día en que no tendremos nada de qué hablar.

Con sabiduría alguien dijo que ningún éxito en la vida, justifica el fracaso en la familia, no debemos exponer nuestra relación a cosas que no la ayudan, las fiestas de trabajo donde todos con todas y todas con todos por ejemplo, las modas sociales actuales donde las señoras salen con amigas a tomar al bar o la cultura del beso donde saludan de beso a todo el mundo menos al marido, exponemos la relación por querer ser modernos y no valoramos lo que tenemos. Ningún empleo, ningún proyecto, ningún amigo justifica el abandono de la pareja ni la ausencia del hogar. Si mañana te quedas sin empleo y te excluyen de ese proyecto importante lo más probable es que te quedes también sin amigos, lo único que permanecerá será tu familia; mañana saldrá nuevamente el sol y se pondrá como siempre, al universo entero no le importará que te pase, a tu familia sí.

Dice la Palabra que si el dueño de casa sabe a qué hora va a llegar el ladrón estaría preparado, no lo tomaría por sorpresa, pero como no sabemos cuándo llega, debemos tomar medidas, comencemos a identificar los ladrones que ya están dentro: no llenemos la casa de televisores por ejemplo, estos terminan siendo más agradables que la mujer o el esposo, tienen más canales, si te cansas de un programa pasas al otro y le puedes controlar el volumen, si esta fuerte le bajas, a tu mujer no le puedes cambiar el canal y a veces ni siquiera le controlas el volumen, no pongamos al televisor a competir con nuestra pareja saquémoslo a un cuarto diferente  comencemos por algo tan sencillo como eso, el televisor es un enemigo que ya está dentro por lo menos pongamos reglas para que el daño sea menor.

Si queremos mejorar nuestra relación matrimonial, debemos hablar el mismo lenguaje: en esta casa todos vamos a misa por ejemplo, ¡papá no se queda en casa ni en la oficina! por Dios. Papá y mamá dan los permisos y toman decisiones no uno solo y el otro contradice, hablemos el mismo idioma. Los hijos saben cuál de los dos padres tiene más autoridad y siempre sacaran ventaja de esto, así que el trabajo en equipo no es solo para la oficina, es para fortalecer la familia. El liderazgo, la planeación, el saber delegar, la motivación, los incentivos y el trabajo en equipo es cierto se aplica en la organización de las mejores empresas, por eso lo debemos trabajar en nuestra familia, esa es la mejor empresa que tenemos. Nuestros hijos son los proyectos que estamos sacando adelante, la familia nuestra tesis de grado.

Sabemos que vamos bien en el matrimonio si sabemos perdonar, si hemos aprendido a reconocer nuestras debilidades y trabajamos en cambiarlas y si perdonamos a nuestro cónyuge sabiendo que estoy casada o casado con un ser humano, que puede cometer errores; no podemos ser tacaños con el perdón “te perdono pero no lo vuelves a hacer” no me imagino a Jesús diciéndole a Pedro: “te perdono pero no me vuelves a negar”, cuando Cristo está presente no hay vencedores ni vencidos, hay reconciliados. El que no perdona destruye el puente por el que tendrá que pasar más tarde.

Nuestros matrimonios estarán bien, si Jesús está presente. No nos desanimemos cuando pensemos que las cosas no van bien, es el momento de poner en manos del Señor la vida de nuestro esposo, de nuestra esposa si no lo hemos hecho antes, es el momento de confiar que todo por la gracia de Dios será mejor mañana. Es ahora que tienes que tomar la decisión de dejar a Jesús estar presente en tu relación; ponte en presencia de Dios y pide perdón por tus pecados dentro y fuera del matrimonio, pide perdón a Dios por tus equivocaciones como padre o madre, pide el Señor que te dé su Espíritu y él derrame sobre ti el don de bendecir, pídelo en el nombre de Jesús. Leía un artículo que invitaba a los cónyuges a no hablar mal del otro, a no resaltar sus defectos sino a bendecirlo; te invito para que en este momento bendigamos a nuestra pareja; di el nombre de tu esposo o esposa y bendícelo, imagina como Jesús lo bendice en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, siente como llega a ti también esta bendición y como se derrama sobre tu hogar y tus hijos. Nuestro matrimonio ira bien si no nos apartamos de Dios por fuerte que sea la prueba.

Dios te bendiga.


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