Educando con el corazón

Educando con el corazón

Los padres de hoy estamos resolviendo situaciones que no hemos hecho conscientes de nuestra propia infancia; queremos dar a nuestros hijos cosas que nosotros no tuvimos en nuestra niñez, entonces los matriculamos en los mejores colegios porque nosotros tuvimos que estudiar en colegios del Estado, les compramos juguetes modernos y costosos, muñecas que hablan, lloran y comen porque nosotras tuvimos que jugar con muñecas de trapo o heredadas de las hermanas mayores si es que las tuvimos, también los equipamos con implementos electrónicos de moda el IPad, Tablet, IPhone etc. porque necesitamos solucionar carencias de nuestra propia infancia. Situación que lejos de hacernos padres modelo nos lleva a dejar claro nuestro egoísmo, o es que el haber tenido estas falencias no nos hicieron en nuestro momento personas luchadoras, apasionadas, entregadas a la consecución de nuestras metas y sobre todo aprendimos a valorar lo que hoy tenemos y logramos alcanzar, ¿por qué quitarle a nuestros hijos esta oportunidad de prepararse para la vida y para el éxito?

Asumimos las responsabilidades que ellos tienen, les hacemos las tareas, no solo les ayudamos a hacerlas, se las hacemos, les recogemos los juguetes, les arreglamos el cuarto, estamos promoviendo la sobreprotección lo que genera no solo hijos incapaces sino inútiles para la vida, son los muchachos que a futuro en su vida laboral no son capaces de tomar iniciativas en el trabajo, les tienen que decir paso a paso, que es lo que tienen que hacer, son los hijos que en plena adolescencia desgastan a los padres, los cansan y ya estos no saben cómo sacarlos del confort en el que ellos mismos los han metido. En el peor de los casos no se reconoce que somos culpables de este tipo de crianza y repetimos el mismo patrón con cada hijo que nace.

Volviendo al caso de los juguetes que damos a nuestros hijos no solo para la navidad, también en el cumpleaños o en cualquier fecha del año, y somos los padres quienes más orgullosos nos sentimos con los obsequios que les hacemos, al llegar la visita a la casa, le decimos al niño que saque el computador o el aparato último modelo y mostramos gran felicidad, al parecer somos nosotros quienes nos reafirmamos con esta conducta, somos nosotros los que estamos necesitando ser reconocidos por nuestra capacidad frente a los demás. Es importante entender que la crianza manifiesta mis propias situaciones por resolver y de paso estamos dejando un mensaje erróneo en la conducta de nuestros hijos, les estamos enseñando que no se tienen que esforzar para obtener las cosas, que estas se logran de manera fácil y les inducimos a tomar atajos en la vida consiguiéndolas sin obstáculos y a veces de forma ilícita.

Hay padres que están liberando la culpa de no poder dedicarles tiempo a sus hijos y esto lo hacen a través de obsequios y lujos, estamos canjeando tiempo por regalos, hoy nos hemos dedicado a trabajar y eso está bien. Lo preocupante es que hay padres para quienes lo necesario no es suficiente ya que las metas se vuelven cada vez más grandes, de tal manera que ya no es suficiente tener lo necesario. También es imprescindible ampliar lo suficiente, esto es, dedicarnos a trabajar más para tener más y terminamos sacrificando el tiempo que podríamos estar compartiendo en familia y que le debemos a nuestra familia, pero, ¿les hemos preguntado a nuestros hijos: es esto lo que realmente esperan de nosotros los padres?, ¿se sienten felices y realizados con padres proveedores y dispensadores de bienes? Tal vez nos sorprenderían con su respuesta.

Pongámonos por un momento en el lugar de los hijos, ¿se sienten realmente amados por nosotros por las comodidades, juguetes y bienes que les damos?, ¿se sienten realizados porque sus padres son los dueños de la empresa, o el gerente de la fábrica?, ¿se sienten amados porque sus padres les proporcionan lo que necesitan? Si es así, me pregunto: ¿porque ha aumentado la tasa de suicidios entre los adolescentes?, ¿por qué nuestros hijos se identifican con los chicos de la pandilla del barrio o del colegio donde estudian?, ¿no tienen acaso satisfechas todas sus necesidades materiales para ser felices?, ¿no cuentan con modelos que deberían ser sus propios padres?, ¿por qué imitar entonces los modelos de la calle?, ¿qué les falta entonces? Si les hemos dado todo, todo se lo hemos comprado, luego algo no está bien.

No hay bien material que remplace el amor de un padre y el tiempo que los hijos necesitan, no hay vacío en el corazón que se llene con un regalo, lo que nuestros hijos necesitan es que nuestras palabras manifiesten lo que sentimos en nuestro corazón. Qué difícil es para algunos padres decir “te amo” a sus hijos. Somos capaces de dirigir una empresa, de motivar un proyecto de la misma, pero nos sentimos incapaces y frustrados cuando en casa las cosas no resultan con nuestros hijos. Pero, ¿le hemos invertido el tiempo y la energía a este gran proyecto? Necesitamos educar con el corazón a nuestros hijos; no perdamos tiempo sin decir te amo, hagámosles saber lo importantes que son para nosotros, lo felices que nos sentimos de ser sus padres, lo orgullosos que nos hacen con sus logros y la oportunidad que nos dan de encontrarnos con Dios cuando podemos en cada uno de ellos contemplar la mejor Obra de sus manos.

No podremos vivenciar el Amor de Dios en nuestra familia si no educamos con el corazón y educar con el corazón es Amar y enseñar a Amar como Dios nos Ama, esa es la mejor lección y el mejor regalo que podemos dar a nuestros hijos.


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