El GPS de la vida cristiana

El GPS de la vida cristiana

El GPS o Sistema de Posicionamiento Global se utiliza para determinar la posición de un objeto, con mucha precisión; también para ubicar la posición de barcos, aviones, misiles, armas, personas, vehículos, celulares, direcciones; muchos automóviles hoy día ya traen su GPS. El GPS funciona mediante una red de 24 satélites en órbita sobre el planeta Tierra. Un GPS sirve fundamentalmente en nuestro caso para conducirnos de un lugar a otro. En nuestro punto de partida ingresamos la dirección del lugar a donde queremos llegar y confiando en el dispositivo salimos rumbo al objetivo con el propósito de llegar en el menor tiempo posible, evitando gracias al aparato, trancones, accidentes o cualquier situación que nos demore la llegada.

Lo mismo sucede con nuestra vida cristiana, necesitamos un GPS, a veces hasta para que nos diga en dónde estamos, porque algunos no tenemos ni idea de donde estamos, cuál es nuestra misión, responsabilidad o identidad de bautizado; tampoco tenemos claro para dónde vamos. Estamos perdidos, necesitados de un GPS que nos indique nuestro posicionamiento global a nivel de fe. Somos tan incoherentes que nos llamamos cristianos católicos y salimos a defender el aborto, la adopción de bebes por parejas homosexuales, la ideología de género o el divorcio, estamos más perdidos que envolatados.

Necesitamos parar, para advertir qué estamos haciendo, para dónde enrutamos nuestra vida. Tal vez comenzamos un matrimonio, una familia, un proyecto de vida, una misión, dimos respuesta a un llamado y en el trayecto perdimos la ruta, nos dejamos engañar, o nos desencantamos, nos dejamos robar el amor primero y vamos hacia otro lugar. Tal vez en nuestro recorrido por la vida, nos hemos encontrado con accidentes u obstáculos que nos han llevado a disminuir la velocidad y a perder la fe, o nos hemos enfrascado en trancones que no nos permiten avanzar, porque nuestras decisiones o actitudes han llevado a que nuestros hijos, nuestra pareja, o vida comunitaria estén en peligro, porque nos estamos alejando y los estamos alejando con nuestro testimonio del camino correcto. Si nos desviamos es hora de parar, el GPS nos permite recalcular y volver a tomar el control, retomar el camino para volver a enrutarse hacia la meta.

Nuestro GPS no puede ser otro que la luz de Cristo, la sabiduría de su espíritu. El demonio quiere constantemente engañarnos, es el príncipe de la mentira e intenta llevarnos justo a los obstáculos y los peligros para que nos desanimemos, nos confundamos, y nos alejemos de la gracia y la bendición que, como hijos de Dios, Él mismo nos ha concedido desde el momento de nuestra creación.

Dejemos que el Espíritu Santo sea el GPS de nuestra existencia, de nuestra familia, de lo que hacemos y cómo lo hacemos; solo en sus manos y bajo su luz y sabiduría sabremos discernir, por dónde transitar, doblar y seguir hacia la meta esperada. Seamos claros cuando le pedimos hasta dónde queremos llegar “Quiero hacer las cosas mejor” “Quiero tu sabiduría para guiar a mi familia, mi hogar y mi trabajo” “Necesito tu gracia para abandonar mi pecado” “Quiero dejar mi vida pasada y recomenzar una nueva vida en gracia y santidad.” Nuestra dirección tiene que ser clara, saber hacia dónde vamos y hacia dónde llevamos a quienes conducimos; el Espíritu Santo nos guía a situaciones específicas.

La Palabra nos dice que no se nos da más porque no sabemos pedir; aprendamos a ser claros cuando dirigimos nuestra oración al Señor, no temamos pedir bastante. Si estamos necesitando la bendición para nuestros hijos, pidamos al Espíritu Santo que los enrute nuevamente y los regrese al camino correcto.

Nuestra mejor ayuda siempre será la que recibimos de Dios, qué mejor sistema de posicionamiento global podemos obtener sino el que recibimos de quien más nos ama, nos conoce y nos creó por amor.