La castidad: una conquista de Dios en nosotros

La castidad: una conquista de Dios en nosotros

Continuando con las virtudes cristianas, quisiera que meditáramos acerca de un gran tesoro donde abunda el amor: la castidad. Sí, como lo lees, la castidad no es rechazo ni menosprecio del amor. Como lo expresó alguna vez Regino Navarro: “Significa defender al amor del egoísmo. La castidad es una tarea humana y un don de Dios. ¿Por qué no hablar de castidad? Es una propuesta profundamente humana.”

¿Qué es la castidad? La castidad es el justo orden de la sexualidad. Se llama casta a la persona que libre y responsablemente ajusta su sexualidad a un recto orden general de su vida. Su conducta se caracteriza por un total dominio de sí y sobre el deseo carnal y no tolera ni la doble vida ni el doble lenguaje.

De esta manera, la castidad se vive en el matrimonio cuando el acto sexual es expresión del amor mutuo y está abierto a la vida (hijos) y fuera del matrimonio se vive cuando se renuncia de manera libre y consciente a toda acción sexual por amor al Reino de los Cielos; esta es la castidad consagrada.

En ambos casos (matrimonio o vida consagrada) el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado.

Hablar de castidad hoy día parece un tabú, pero quienes la viven y encuentran en ella fortaleza de ánimo, paz, armonía, amor y felicidad, desean que otros experimenten aquellos frutos del espíritu. 

Es importante recalcar que la castidad se vive en plenitud y paz, cuando se tiene fe; al respecto el cardenal Ratzinger comentó: “Cuanta menos fe haya más caídas habrá”, y es que la castidad es una conquista de Dios en nosotros.”

San Juan Pablo II al respecto afirmó: “Si queremos guardar la castidad, en un mundo que considera locura amar con el Amor de Dios, es imprescindible la oración.”

Por ello José María Escrivá de Balaguer aseveró: “La castidad es la humildad de la carne, que se somete al espíritu.”

Solo una persona que tenga una relación íntima, personal con Dios en Jesucristo es capaz de encarnar en la propia vida los sentimientos de Jesús, es capaz, no con sus fuerzas solamente, sino con la Gracia de Dios de encausar su sexualidad.

Recuerda que la sexualidad es como un río, si se desborda arrasa con todo. Por eso la importancia de ordenarla y darle un cause; para ello es la virtud de la castidad.

Te invito a vivir en plenitud con nuestro Señor, contigo mismo(a) y con tus hermanos, de la mano de la Santísima Virgen María: Madre de la pureza.