Las familias enfermas dan hijos enfermos

Las familias enfermas dan hijos enfermos

La cuna donde se forma la persona es en la familia. Si nosotros pudiéramos predecir qué va a ser de cada niño a la vuelta de los años, tendríamos que mirar la cuna que lo crio. Ya desde el vientre materno el bebe percibe y se conecta emocionalmente con su madre, vínculo vital y duradero. Por eso un ser humano no comienza su ciclo vital al momento de nacer sino desde el momento de la concepción. Recuerdo haber atendido a una joven de aproximadamente 22 años, la cual había presentado ideaciones (pensamientos) e intentos suicidas repetitivos, orando por ella, el Señor me colocaba la palabra aborto y esta palabra llegaba y llegaba, me atreví a preguntarle si ella se había practicado un aborto o había estado involucrada en esto de alguna manera, y su respuesta fue un no rotundo. Hice salir a la joven y le pedí a la mamá, quien estaba esperando afuera, que entrara a hablar conmigo y le pregunté si ella sabía algo sobre un aborto con respecto a su hija y se puso a llorar, me dijo que eso nadie lo sabía, ni siquiera su esposo, me compartió que cuando ella estaba en el segundo mes de embarazo “pensó” en abortar a su hija, tenía muchos problemas con su esposo y no quería un nuevo embarazo, pero esto nunca lo dijo a nadie y no entendía por qué yo lo sabía. La hija era, a sus escasos 22 años, una joven depresiva, sin amor a la vida, sin ninguna ilusión; y lo más curioso: en la misma época que la joven intentaba quitarse la vida, en el mismo mes, su madre había deseado abortarla. La joven caía en depresión y tristeza todos los años por el mismo mes.

Es curioso que los profesionales de la salud, específicamente aquellos que dicen sin ningún sustento teórico o científico, sino sobreabundados en sus intereses económicos, que un bebé en el vientre de la madre es solo un manojo de células, que puede ser abortado porque no es aún un ser humano. Cuántas personas viven hoy día una situación parecida a la que sufrió mi paciente: no encuentran motivos para vivir y sin embargo, lo tienen todo.

En el camino va uno aprendiendo que si bien la psicología propone que las personas se van formando y desarrollando gracias a toda su carga genética, biológica, ambiental y contextual, en el lugar donde crecen y socializan, y esto es cierto y muy importante, soy una convencida que la familia es el factor determinante en la integridad y el desarrollo del ser humano: una familia enferma da hijos enfermos a la sociedad.

Hay familias con muy escasos recursos económicos, que viven en un contexto social difícil, pero arraigadas en sus valores y principios morales que le permiten a sus hijos, a pesar de los inconvenientes sociales, ser hombres de bien que alcanzan metas inimaginables para su desarrollo personal, familiar y social. Y por el contrario, hay jóvenes tan necesitados, tan pobres, que lo único que tienen es dinero; y sí, porque no les falta nada material, pero no tienen una familia que los acompañe, los escuche y les oriente en sus necesidades afectivas, emocionales, espirituales, etc.

Los jóvenes con problemas familiares van a estar más expuestos a incurrir en conductas disociales, farmacodependencia, alcoholismo, prostitución, y muchas otras situaciones de alto riesgo. Los jóvenes que en casa no aprendieron límites, no les enseñaron a decir NO, porque todo les fue permitido, van a tener pasión por probar todo lo que la sociedad les ofrece. No van a tener límites para experimentar, aun a costa de su bienestar y el de su familia. Familias enfermas dan hijos enfermos.

Cuando terminé de hablar con la madre de esta joven que atendí, volví con ella para hacer oración y le pedimos al Señor que sanara este corazón herido, lastimado tal vez desde el vientre materno porque la mamá o el papá, en algún momento de su formación, habían tenido miedo de enfrentar la responsabilidad de una nueva vida; pero habían sido valientes al tomar la decisión final de traerla al mundo y esto ya era una gran bendición. Terminamos la oración como el Señor nos iba guiando y esta niña no volvió a incurrir en intentos de suicidio. Fue sanada por el amor misericordioso de Dios. Esto mismo puede hacer Jesús por ti o por tus hijos, si tienes o les ha proporcionado una familia enferma. Hay esperanza en el Señor.