Humanizar la sexualidad es el camino II

Humanizar la sexualidad es el camino II

Querido lector: en continuidad a la pasada entrega, acerco unas ideas considerando aquello de “una urgente humanización de la sexualidad”. El tema es vasto, pero asumo que un comienzo puede ser aproximarnos a distinguir lo que es sexualidad, genitalidad y genitalismo. La razón: hoy respiramos un clima de polución moral, de “genitalidad difusa”, que surge de no comprender que nuestros instintos son fuerzas vivas y poderosas, puestas en nosotros por Dios, que deben ser educadas, canalizadas para el bien, orientadas hacia el perfecto equilibrio de la persona humana en todos sus valores.

Sexualidad o sexo afectivo: Una precisión: el comportamiento del hombre es humano, no sólo carnal ni sólo espiritual. Puede ser un comportamiento bueno o malo, santo o pecaminoso, casto o impuro, pero siempre es asumido por el yo personal, por el alma y por el cuerpo centrados en la identidad personal. El comportamiento espiritual es propio de los ángeles y el carnal pertenece a los animales. Las acciones humanas son asumidas por el yo personal y no sólo por la carne o por el espíritu. En ese sentido, la sexualidad es un comportamiento personal, “humano”. Pertenece al yo personal y no sólo al cuerpo o sólo al espíritu. No es sólo mi cuerpo el que es sexuado, sino todo mi ser. Yo soy también mi sexualidad. El P. Zanini dice: “La sexualidad es un elemento que define al hombre y lo distingue de los animales, y de los ángeles. Sólo el hombre tiene sexualidad y ésta es una dimensión totalizante e integrante del ser humano”.

 Ahora, hay que decir que para realizar y vivir la sexualidad no es necesario practicar la “genitalidad” (hacer uso de los genitales), por eso la imagen más hermosa de quienes realizaron su sexualidad como lo ve la Iglesia, son José y María, mejor aún Jesús y también sus amigas, aquellas que lo seguían y acompañaban por el camino.La sexualidad no es algo puramente biológico, sino que mira a la vez al núcleo íntimo de la persona. El uso de la sexualidad como donación física tiene su verdad y alcanza su pleno significado cuando es expresión de la donación personal del hombre y de la mujer hasta la muerte. Así, ella es sin evasivas, una energía que es amor y que me (nos) hace creer en el amor”. Unos versos vallenatos permiten acariciar ese sentir: “…Como en la vida todo se acaba yo me preocupo, porque no quiero que esto termine en ningún momento; a Dios le pido que nos de vida por mucho tiempo, y que nos libre de todo mal para querernos mucho. Porque yo quiero que estemos juntos, yo necesito tu compañía, bien sabe Dios ya me la tenía, para que fueras mi buena estrella…”

La persona es, sin duda, capaz de un tipo de amor superior: no el de concupiscencia, que sólo ve objetos con los cuales satisfacer sus propios apetitos, sino el de amistad y entrega, capaz de conocer y amar a las personas por sí mismas. Un amor capaz de generosidad, a semejanza del amor de Dios: se ama al otro porque se le reconoce como digno de ser amado, donde cada uno considera el bien del otro como propio. Este amor, se alimenta y se expresa en el encuentro del hombre y de la mujer, es don de Dios; es por esto fuerza positiva orientada a su madurez en cuanto personas; es a la vez una preciosa reserva para el don de sí que todos, hombres y mujeres, están llamados a cumplir para su propia realización y felicidad, según un proyecto de vida que representa la vocación de cada uno.

Genitalidad o sexo genital:  “Tuve sexo mil veces pero nunca hice el amor”; es la frase de una canción de Arjona, permite sospechar que esas mil veces pueden ser simples “actos genitalistas” que no precisaron del afecto, que no lograron “ser amor” o ser donación responsable del don de sí mismo. Las posibles damnificadas de esos actos solo tuvieron contacto con lo que está en medio de las piernas del cantante, y refleja la realidad de una práctica genital relativizada, banalizada, sacada del ambiente sublime –sagrado- donde debe vivirse, es un indicativo de la pérdida de significado y sentido hasta degradarse en “genitalismo o sexo neurótico”. Se trata de una praxis no de encuentro sino táctil entre complementos que curiosamente no buscan complementarse, sino usarse, este abuso sucede cuando solo podemos dar al otro nuestros genitales, incapaces de “darnos a plenitud nosotros mismos”. Una conclusión dura es que los cuerpos ya no prometen, mienten.

Al hablar objetivamente de una genitalidad (no de genitalismo) nos encontramos abordando naturalmente su función. Para ejercer la paternidad y la maternidad el ser humano tiene órganos genitales, órganos de la procreación, de la generación, que privados de un verdadero ambiente de sexualidad o sexo afectivo no pocas veces terminan siendo órganos de prostitución. Zanini recuerda que “estos órganos no se aíslan en sí mismos sino que forman parte de la persona humana, tenemos que asumirlos como don de Dios”. Sin embargo, en cuanto la sexualidad forma parte integrante y esencial de la personalidad humana, a su vez, los órganos genitales son dispensables, aún sin ellos somos personas completas, es decir, mientras la sexualidad marca todo nuestro ser, la genitalidad es un elemento localizado. El hecho de que son órganos de generación no impide que, en su función sean también órganos de placer, de realización personal, de donación y posesión reciprocas, “dentro del matrimonio”.

Humanizar la sexualidad también puede ser:

  1. …Aceptar la verdad que no es el ejercicio de la genitalidad el que complementa al ser humano. No son los órganos genitales los que definen la sexualidad, ellos definen la genitalidad. Entiéndase, la sexualidad la define el cerebro, la hipófisis, el espíritu y la personalidad. Los órganos genitales son glándulas genitales más que sexuales.
  2. …Asumir radicalmente que el maravilloso ejercicio de la genitalidad debe realizarse en una atmósfera de sexualidad, de ternura recíproca y de profundo amor (cristiano). Si no fuera así, la genitalidad puede convertirse en un gesto simplemente animal y degradarse en genitalismo.
  3. …Denunciar el resultado de una indebida y mal llamada “educación sexual”, que ignorando la dignidad humana, promueve el genitalismo invitando a obrar instintivamente y no responsablemente.
  4. …Entender que “hacer el amor” es una realidad bella que trasciende la inmediatez del momento; pero propia de nuestro ser histórico, es procesal y no puntual. Sólo posible si se vive en el “afecto”, en la “donación mutua” que escapa y desborda la limitación del instinto, y cuyo escenario digno es el conocimiento y valor de un “nosotros” que está por encima de un “tú” o un “yo” que egoístamente busca complacerse sin comprometer la vida equivocadamente por aquello de “vivir el momento”.

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