“…En tu Palabra, echaré las redes (Lc 5,5)”

“…En tu Palabra, echaré las redes (Lc 5,5)”

Nos escribía el Beato papa Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi en 1975: “Quienes acogen con sinceridad la Buena Nueva, mediante tal acogida y la participación en la fe, se reúnen pues en el nombre de Jesús para buscar juntos el reino, construirlo, vivirlo. Ellos constituyen una comunidad que es a la vez evangelizadora. La orden dada a los Doce: “Id y proclamad la Buena Nueva”, vale también, aunque de manera diversa, para todos los cristianos (EN 13)”. Por lo que Pedro define: “pueblo adquirido para pregonar las excelencias del que os llamó de la tinieblas a su luz admirable” (1 Pe 2, 9)

Cuando hoy hablamos de entusiasmo misionero y alegría evangelizadora, no podemos olvidar que el método válido ha sido y será el de Jesús, “a la manera de Jesús”. Él es el único que hace nuevas todas las cosas. Cuando pasamos toda la noche sin buenos resultados considerando que todo está perdido en un mal día para el trabajo, es Él quién interviene porque sabe dónde están los peces e invita a remar mar adentro señalándonos donde lanzar las redes.

Sí le obedecemos a Su Palabra, porque; “en tu palabra, echaré las redes”; el resultado será sorprendente, superará nuestras expectativas y cálculos, la abundante pesca amenazará con romper las redes, con hundir las barcas –no por el peso del pecado en el mar del mundo que busca sucumbir y volcar la barca de nuestra vida- sino por la buena pesca que exige ineludiblemente colaboradores, habrá espacio para otros ayudantes, para nuevos misioneros (Lc 5, 1-6).

Sabemos que el relato Lucano buscaba sembrar el ánimo y la esperanza en momentos en que el anuncio del evangelio en la Iglesia naciente se encontró con ciertas dificultades, los evangelios ante todo son testimonios de la Fe en Jesús de las comunidades que están detrás de los textos, y de cómo esta Fe en Él exigía confianza ante la adversidad que supone la tarea evangelizadora, momentos así no nos son extraños hoy,  en los que posiblemente ante lo emprendido las estrategias fallan y el fracaso -tal como lo expresa Santa Faustina- se convierte en el destino habitual, momentos  en los cuales las dificultades exceden nuestras fuerzas y los esfuerzos resultan inútiles, momentos en que las tormentas agitan el corazón y el espíritu aterrorizado comienza a inclinarse hacia la desesperación… (DSF 356)

Es en esos momentos, donde debemos poner nuestra total convicción en la Palabra de Jesús, en su potencial,  en la fuerza y el poder del Evangelio, que contra todo pronóstico consigue la mejor pesca. Nosotros en la CDLM a partir de un movimiento de conversión pastoral centrado en el encuentro cotidiano con la Palabra, podemos dar testimonio de la fuerza y el atractivo de Su Palabra que está produciendo una nueva primavera espiritual en la Iglesia. Podemos sentir muy cercanamente la consecuencia eficaz de lo dicho por San Pedro: “en tu Palabra echaré las redes”

Sí nos fijamos en el relato (Lc 5, 1) la gente se agolpa ante Jesús para oír Su Palabra, la gente quiere oír la Palabra, siente necesidad de la Novedad del Evangelio que comunica Jesús.  Hemos de prestarle atención a esta necesidad en la actualidad y superar el prejuicio de una sociedad descristianizada sin espacio para el Señor y Su Iglesia, afanada en los asuntos del mundo y esclavizada por el consumismo, que a veces tiende a paralizarnos en una rotunda indiferencia misionera por sopesar en exceso cierto desinterés del mundo secularizado que ha perdido el valor o mermado en la fe, ese mensaje nos tienta en la seguridad de la orilla o en la comodidad del sofá como sí el evangelio no tuviese ya nada que decir a una familia en ruptura, como sí no pudiese comunicar liberación a una pareja en estado irregular… de forma que nos situamos en la cultura de la indiferencia y por ende del descarte, cuando paralizados nos quedamos en el sofá olvidando la soteriología del evangelio de Cristo que ha venido para que todos tengan vida y la tengan en abundancia (Jn 10, 10):

Es escandaloso, pero ciertamente nos quedamos atornillados en el sofá de la indiferencia:

…Como sí el Evangelio no tuviese nada que expresar al mundo de la política y la economía secuestrado por la corrupción galopante y las inicuas leyes del mercado…

…Como sí el Evangelio no pudiese decir nada a quienes viven en profunda crisis de identidad sexual y de espaladas a la verdad natural militando en una rebeldía pública con las banderas de su propia confusión…

…Como sí la Palabra no pudiese iluminar hoy al mundo estresado, emocionalmente dañado y violentado en todos los niveles para el cual no hay fraternidad sino desconfianza, amenaza, riesgo ante el otro, ante el prójimo, que ha dejado de ser un hermano, para ser el enemigo o la competencia…

…Como sí la Palabra, ante la marcada ideología no pudiese evitar nuevos abortos en medio de la cultura de muerte y curar vientres lesionados por esa tragedia para convertirlos en santuarios y testigos de la vida...etc.

…Como sí la Palabra no pudiese rescatar a los habitantes del inframundo de Gerasa que viven en los sepulcros de una cultura del descarte, la cual se complace en ver morir a la humanidad porque ha renunciado a la esperanza de revivirla, y solo advierte con soterrada complicidad a los desahuciados por nuestros prejuicios, indiferencia y comodidad, sin pagar el precio -de la piara de cerdos necesarios- para liberar a Uno (Mc 5, 1-20).

El Evangelio ciertamente es la respuesta contundente a todo ese conjunto del drama humano. 

Un indicio no menor de la Sed por Dios en las almas que gritan desde la propia miseria: “Dennos a Dios (DSF 1249)”; son los interminables mensajes e imágenes que vía redes sociales con contenido bíblico o religioso comparten, incluso los más distantes e indiferentes de la vida de la Iglesia, aquí podemos advertir lo dicho por  el Papa Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi:

“En verdad, es conveniente recordar esto en un momento como el actual, en que no sin dolor podemos encontrar personas, que queremos juzgar bien intencionadas pero que en realidad están desorientadas en su espíritu, las cuales van repitiendo que su aspiración es amar a Cristo pero sin la Iglesia, escuchar a Cristo pero no a la Iglesia, estar en Cristo pero al margen de la Iglesia. Lo absurdo de esta dicotomía se muestra con toda claridad en estas palabras del Evangelio: “el que a vosotros desecha, a mí me desecha (Lc 10, 16)”. ¿Cómo va a ser posible amar a Cristo sin amar a la Iglesia, siendo así que el más hermoso testimonio dado en favor de Cristo es el de San Pablo: “amó a la Iglesia y se entregó por ella? (Ef 5, 25)”

Sin embargo después de esa precisión que alerta sobre la imposibilidad de desechar la Iglesia, podemos notar en ese fenómeno religioso digital, que aún perviven vestigios de un alma cristiana, un hombre moderno que se revela marcado aún por lo sembrado de nuestra identidad como pueblo, ya sea débil y pálida, pero perceptible y eso lo constatamos con facilidad, aspectos que configuran una religiosidad popular y cuando mejor una piedad popular que representa ya una puerta entreabierta para nuestra evangelización comunitaria, y que constituye un tesoro para nuestra Iglesia Continental. Aparecida, es una gran invitación a retomar la Piedad Popular, como un elemento de profunda y legítima riqueza de la identidad cristiana de nuestros pueblos (Benedicto XVI, I Discurso Inaugural Aparecida 2007)

Nuestro Proyecto Misioneros de la Misericordia en esta etapa de sostenimiento y fortalecimiento en el tiempo, después de estos (4) años de praxis misionera requiere renovación en su entusiasmo y dinamismo, requiere de la alegría evangelizadora propuesta por Francisco (EG 2), al tiempo que nos exige romper los esquemas, superar la idea de una estrategia de momento ya superada y volver a la fecundidad y efectividad de esa Palabra dada por Jesús, a cuantos tienen las redes, y se encuentran en la barca para pescar mar adentro, superando la tentación de quienes confunden la barca de la Iglesia con la comodidad de un crucero para veranear.

“Porque Tú lo dices Señor, en Tu Palabra echaré las Redes”. Parece que la clave no es lanzar las redes en el mar de cualquier manera toda una noche, sino en el lugar objetivo, en Su Palabra como ha entendido Pedro y ciertamente nosotros somos testigos de su eficacia.

Sólo en la Palabra de Jesús hay una atracción que no hay en nosotros, sólo Su Palabra poderosa puede producir fe y por eso una primavera espiritual, por ello hemos de promover el encuentro con Ella con eficacia como nos señaló Benedicto XVI. Pongamos el Evangelio en el centro, lo decisivo en nuestra evangelización es que la gente entre en contacto con Jesús Palabra de Vida, con su amistad, con su Misericordia, con su Fuego, con su Vida Divina (Sacramentos), así se generará fe; Primavera espiritual en la Iglesia, fecundidad espiritual, familia espiritual, fraternidad, cultura de Misericordia.