Resplandece el Misterio de la Cruz!

SEMANA 4 / DÍA 25 DOMINGO

Resplandece el Misterio de la Cruz!

Domingo

Jesús: Mi misericordia es mas grande que tu miseria y la del mundo entero.  ¿Quién ha medido Mi bondad?  Por ti bajé del cielo a la tierra, por ti dejé clavarme en la cruz, por ti permití que Mi Sagrado Corazón fuera abierto por una lanza, y abri la Fuente de la Misericordia para ti.  Ven y tomas las gracias de esta fuente con el recipiente de la confianza.  Jamás rechazaré un corazón arrepentido, tu miseria se ha hundido en el abismo de Mi misericordia.  ¿Por qué habrias de disputar Conmigo sobre tu miseria?  Hazme el favor, dame todas tus penas y toda tu miseria y Yo te colmaré de los tesoros de Mis gracias. (Diario, 1485)


DOMINGO

 DIOS MÍO! ¿ POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?

Mt 27,39-46. Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: «Tú que destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!» Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo: «A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de la cruz, y creeremos en él. Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que dijo: "Soy Hijo de Dios."» De la misma manera le injuriaban también los salteadores crucificados con él.

Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: = «¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?», esto es: «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?»

Discípulo: No es gran mérito amar a Dios en la prosperidad Y agradecerle cuando todo nos va bien, Sino adorarlo entre las más grandes adversidades, Y amarlo por Él Mismo y poner la confianza en Él. (Diario, 995, 3)

Oremos con santa Faustina

Oh Dios que con una sola palabra habrías podido salvar miles de mundos, un suspiro de Jesús habría satisfecho Tu justicia.  Pero Tu, oh Jesús.  Te entregaste por nosotros a tan asombrosa pasión únicamente por amor.  La justicia de Tu Padre habría sido expiada con un solo suspiro Tuyo y todos Tus anonadamientos son exclusivamente actos de Tu misericordia y Tu amor inconcebible.  Tú, oh Señor, partiendo de esta tierra deseaste quedarte con nosotros y Tú dejaste a Ti Mismo en el Sacramento del Altar y nos abriste de par en par Tu misericordia.  No hay miseria que Te pueda agotar; llamaste a todos a esta fuente de amor, a este manantial de piedad divina.  Aquí está el trono de Tu misericordia, aquí el remedio para nuestras enfermedades.  (Diario, 1747)