Misioneros de la Misericordia: un estilo de vida

Misioneros de la Misericordia: un estilo de vida

Toda la humanidad gime y sufre con dolores de parto, esperando con ansiedad la manifestación de los hijos de Dios (Romanos 8, 19 – 22).

Con este texto, san Pablo comunica a los hermanos cristianos de Roma la gran necesidad comunicar el mensaje cristiano: que los hijos de Dios se manifiesten ante la soledad que viven los que no conocen a Cristo.

Esta manifestación no se trataba de una expresión pública de gran número de personas que recorren calles para reclamar algo o protestar. Tampoco es la comunicación o exteriorización de una opinión, un estado de ánimo o un sentimiento.

En este caso la palabra manifestación debe entenderse como: Cosa que es muestra o reflejo de otra.(Diccionario Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.)En nuestro contexto de Misioneros de la Misericordia, nosotros estamos llamados a manifestar y a reflejar en nuestro diario vivir la Misericordia que hemos recibimos de Dios. Los hermanos que nos rodean deben notar que nuestra vida manifiesta una alegría, una paz que no la da el mundo, sino el Amor de Dios que habita en nuestro corazón.

Diariamente el encuentro con la Palabra, la comunidad y los sacramentos deben ir forjando en nosotros el estilo de vida de Jesús a tal punto que podamos decir como san Pablo: “Ya no vivo yo, es Cristo que vive en mí.(Gálatas 2, 20).El padre Alberto Hurtado, santo chileno, es un verdadero ejemplo de transformación en otro Cristo, él afirmo: ¡Qué simple resulta nuestra espiritualidad! Ser Cristo. Obrar como Cristo en cada circunstancia de mi vida, en lo que Cristo me ponga delante.”(La unidad de nuestra espiritualidad, en Un disparo a la eternidad, p. 343.)

Los Misioneros de la Misericordia estamos llamados a asumir un estilo de vida que refleje a Cristo, que atraiga, que convenza, que invite a los que nos rodean a seguir a Cristo. Vivir no a nuestra manera sino a la manera de Cristo. El santo chileno también afirma: “… la santidad es dejarse tomar por Él, diciendo: “Es Cristo el que vive en mí.” E incluso llega a afirmar: “vivo yo; ya no yo; vive en mí, Cristo’. ¡Ser Cristo! He aquí todo mi problema. La razón de ser de la creación: llegar a “ser Cristo” es, por tanto, la razón de ser de la creación.”

Buscamos un estilo de vida que manifieste nuestra comunión con Cristo: el Documento de La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana nos habla del estilo que debemos tener los que profesamos la fe en Jesucristo: “… Se trata de aprender un nuevo estilo, se trata de responder “con dulzura y respeto” y de mantener “una buena conciencia” (1 Pedro 3, 16). Es una invitación a vivir con aquella fuerza humilde que nos viene de nuestra identidad de ser hijos de Dios, de la unión con Cristo en el Espíritu y de la novedad que esta unión ha generado en nosotros. …”(NE 119).

El encuentro diario con la Palabra debe ir restaurando nuestro ser, nuestra identidad de hijos de Dios. Solo así podemos ofrecer y dar la vida de Dios a los que nos rodean.

“Este estilo debe ser un estilo integral, que abarque el pensamiento y la acción, los comportamientos personales y el testimonio público, la vida interna de nuestras comunidades y su impulso misionero. … Este estilo debe hacer suyo el ardor, la confianza y la libertad de palabra (parresia) que se manifestaban en la predicación de los Apóstoles(cf. Hch 4, 31; 9, 27-28). Este es el estilo que el mundo debe encontrar en la Iglesia y en cada cristiano, según la lógica de nuestra fe. …” (NE 120).

Es de esta manera como vamos a ser respuesta para los que nos rodean, es así como nos hacemos hostias vivas agradables a Dios. Este estilo de vida debemos estrenarlo en primer lugar en la familia. Ahí en la relación con papá y mamá, con los hermanos, con el cónyuge y los hijos, ese es nuestro primer lugar de misión. Igualmente los obispos, sacerdotes, religiosos y laicos directores de comunidades, estamos todos llamados en este Año de la Fe a vivir nuestra relación unos a otros con el toque de la misericordia, la compasión y la cercanía. Es desde ahí que podemos lograr la unidad, es en ese momento cuando respondemos al llamado de Jesús: “Padre que todos sean uno para que el mundo crea” (Juan 17, 21).

Somos Misioneros de la Misericordia, nuestro estilo brota del encuentro con Cristo, esto produce en nosotros un ardor que no nos permite detenernos. Ya el Papa Pablo VI afirmaba en la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, 46: “… además de la proclamación que podríamos llamar colectiva del Evangelio, conserva toda su validez e importancia esa otra transmisión de persona a persona. …”

En el taxi, en la casa, a los amigos y todo el que Dios coloque a nuestro lado debemos compartirle a Jesucristo, debemos enseñarle nuestro Método, nuestro Camino Diario de oración personal que está entre las páginas 7 a 11 del Manual del Misionero: Misericordia Día a Día.